¿Eres muy inteligente? Este es tu lado oscuro

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Para muchos ser muy inteligente puede ser un regalo que viene con demasiadas desventajas.

Para muchas personas, ser muy inteligente es garantía de éxito y felicidad en la vida, pero la realidad es más complicada ya que en ocasiones, tener un coeficiente intelectual muy alto va acompañado de una serie de conflictos de los que se habla muy poco: aislamiento social, problemas emocionales y a veces una constante insatisfacción por no cumplir con los elevados objetivos que se proponen.

Las personas muy inteligentes generan miles de ideas y son capaces de recibir mucha información pero no siempre saben cómo gestionarla correctamente. Esto, añadido a la sensación de que nadie les puede enseñar a manejar sus cerebros dotados, les causa mucha frustración y desconcierto desde edades tempranas.

Además, como se mencionó anteriormente, ser muy inteligente no es garantía de éxito escolar o laboral. Muchos niños con altas capacidades pasan desapercibidos en las escuela y terminan siendo estudiantes “regulares” que nunca sobresalen. Algunos sufren del pensamiento arborescente, muchas ideas que llegan unas detrás de las otras y se dividen rápidamente, como las ramas de un árbol.

Otros no saben cómo controlar sus respuestas emocionales ante eventos importantes.

Esto no significa que ser inteligente sea malo. Pero a veces, las personas con esas características, sobre todos los niños, se enfrentan además a la envidia o a que los demás piensen que sus problemas no son tan importantes porque saben resolverlos o siempre tienen una respuesta. Las personas inteligentes sufren, y a veces lo que conocemos como inteligencia deja de lado la “inteligencia emocional”: a veces alguien que parece un genio en la escuela tiene dificultades grandísimas para enfrentarse a sentimientos simples.

Sabiduría frente a inteligencia

La idea tiene una mayor base científica de lo que pueda parecer en un primer momento.

“Si uno se fija en la definición de sabiduría, mucha gente coincide en que es la capacidad para tomar decisiones de una forma imparcial”.En uno de sus estudios comprobó que aquellos con mejores resultados en pruebas de sabiduría también tenían una mayor satisfacción con la vida, mejor calidad en sus relaciones y menores niveles de ansiedad.

Una mayor capacidad de razonamiento incluso parece llevar a vivir más.

Pero descubrió que todas estas cualidades no tenían relación alguna con el CI.

“La gente muy inteligente suele generar, muy rápidamente, argumentos apoyando sus razonamientos, pero suelen hacerlo de una forma muy parcial”.

De todas formas parece ser que la sabiduría no está tan determinada, independientemente por nuestro coeficiente intelectual.

“Soy un firme creyente en que la sabiduría puede entrenarse”.

Con un poco de suerte la inteligencia no se interpondrá en el camino.

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