El proceso de las Experiencias Extracorporales

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Para entender el funcionamiento de las experiencias extracorporales, primero hay que saber, que es la autoconciencia. La autoconciencia es el proceso a través del cual, el individuo se percibe y conoce a sí mismo, dependiendo de una serie de circunstancias internas y externas, de manera, que esta forma de conocimiento influye en su forma de ser, comportarse, en sus creencias, etc.

Pues bien, la base de la autoconciencia se fundamenta en mecanismos cerebrales que conectan las señales procedentes de los órganos sensoriales, para construir una representación corporal que tiende a ser global (integra todo nuestro ser) y estable (se mantiene a lo largo del tiempo).

En la Escuela Politécnica Federal de Lausana, desde hace unos años se estudia cómo las señales corporales recibidas desde distintos sistemas sensoriales (visual, auditivo, táctil…) configuran la autoconciencia.

Utilizando métodos neurocientíficos como la electroencefalografía (EEG), las técnicas de realidad virtual o las imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) tanto con sujetos sanos, como con pacientes neurológicos con trastornos del esquema corporal (en los que se pueden dar síntomas como la incapacidad para nombrar y reconocer las partes del cuerpo o la dificultad para realizar movimientos y determinar las distancias entre el cuerpo y el exterior).

Un buen estado de autoconciencia, debe caracterizarse por la presencia de tres factores:

Perspectiva del Yo: Las sensaciones que percibimos, las sentimos dentro de nuestro cuerpo.

Localización del Yo: El Yo es percibido dentro de nuestro cuerpo como una unidad espacial.

Autoidentificación: Sentimos que nuestro cuerpo nos pertenece.

Estos tres factores fallan durante la experimentación extracorporal. Esto se debe a que el sujeto que lo experimenta, se siente “incorpóreo”, viendo su cuerpo desde fuera e identificándose con el estado ilusorio y no con su cuerpo físico.

¿Autoconciencia en animales?

Los aspectos más “elevados” de la autoconciencia se manifiestan en los seres vivos que son capaces de reconocerse en un espejo, que poseen memoria autobiográfica (recuerdan acontecimientos de su vida, lugares en los que han estado, así como la carga emocional a la cual van anclada) o que utilizan un lenguaje (no necesariamente hablado, ya que este sería el caso de los humanos) con pronombres en primera persona, como “yo” o “mío”.

¿Bajo qué circunstancias podría experimentar un OBE?

Bueno, se puede dar bajo un amplio abanico de situaciones: En un estado de anestesia total, soñando, bajo la influencia de narcóticos, en una situación de miedo extremo, en pacientes con trastornos psiquiátricos o neurológicos, migrañas o bajo ataques de epilepsia, son las circunstancias más comunes.

Como podemos imaginar, las circunstancias expuestas anteriormente son difíciles de controlar y no permiten un fácil estudio de las mismas y sus efectos en este fenómeno. Por lo que, se ha estudiado y descubierto, que mediante técnicas de realidad virtual, se puede simular una experiencia extracorporal.

La experimentación y el estudio de las OBEs

En el 2002, una mujer de 43 años padecía graves ataques de epilepsia que no respondían al tratamiento farmacológico. Lukas Heydrich, Olaf Blanke y Bigna Lenggenhager junto con otros colaboradores del Hospital Universitario de Ginebra, buscaron el foco de los ataques, con el fin de extraer la parte del cerebro que los causaba.

Para ello, estimularon distintas zonas del cerebro, hallando finalmente que el foco de los ataques se encontraba en el lóbulo temporal anterior derecho. Pero durante estas pruebas, estimularon también el giro angular derecho. El resultado de esta última estimulación, fue que la paciente les comunicó, que tenía la sensación de estar hundiéndose o cayéndose.

Los investigadores decidieron aumentar la intensidad de la estimulación en dicha zona.

Cuando lo hicieron, la mujer les dijo:

“Me veo desde arriba, tendida en la cama, pero solo me veo las piernas y la parte inferior del tronco”

Fue así, como estos investigadores, encontraron el área del cerebro cuya actividad guardaba una relación directa con las experiencias extracorporales.

Funciones del giro angular

Distintas áreas del cerebro con sus funciones. En amarillo, la zona del giro angular derecho que fue estimulada.

El giro angular lo podemos encontrar en ambos hemisferios, formando parte del área de Wernicke, sutuada normalmente en el hemisferio izquierdo (en un 97% de los casos), siendo el principal componente encargado de la comprensión del lenguaje.

Además, de esta conocida función, tiene otras más relacionadas con el tema que nos concierne, como: procesar las señales del sentido del tacto, el equilibrio, la vista o la propiocepción (este último, es el sentido encargado de informar al organismo de la posición de nuestros músculos, además de otras informaciones espaciales).

Asimismo, los resultados en diferentes estudios dados por los autores previamente citados, indican que la estimulación sensorial contradictoria (sea por el motivo que sea) en el giro angular, tiene dos consecuencias directas:

Desaparición de la sensación de unidad en el cerebro.

Es decir, dejamos de percibirnos como un todo, pasando a descomponer nuestro yo, en un yo físico y en un yo “astral”.

Al mismo tiempo, se cortan las conexiones entre las representaciones características del OBE y las del entorno espacial inmediato.

O dicho de otra forma, durante la experiencia extracorpórea, el sujeto pierde la capacidad de percibir la realidad (objetiva) del espacio en el que se encuentra.

¿Que opinas de esto? déjamelo en comentarios.

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